Cómo los discípulos aprendieron de Jesús.

Samuel Marcano

El proceso de aprendizaje que acompañó a la comunidad de discípulos fue muy variado.  Los discípulos aprendían del maestro a través de:

  • Su doctrina:

El término doctrina sencillamente indica el contenido de aquello que es  enseñado.[1]  El uso de esta palabra no tenía la connotación de verdades dogmáticas que se transferían de una generación a otra.  Cuando ese era el caso se empleaba el vocablo PARADOSIS, que si tenía más el sentido de tradición o conocimiento transmitido de una generación a otra (cf. Mateo 15:2; Marcos 7:13).[2]

¿Qué enseñó Jesús?, ¿Cuál fue su doctrina?  Trenchard (1974)  nos ofrece un excelente resumen de las principales enseñanzas de Jesús  donde destaca, entre otros temas: Dios el Padre, la trinidad, los hombres ante Dios, el amor, el Espíritu Santo, la salvación, el reino de los cielos, la vida de los fieles, aspectos  éticos, las cosas que vendrían.    Su enseñanza fue completa y se puede decir que contenía en germen todo lo que después desarrollaron los apóstoles en sus enseñanzas.

  • Sus obras

Jesús  enseñaba por palabras y también por sus obras y ambas eran elocuentes (vea  Juan 10:38).  Los discípulos presenciaron las veces que Jesús puso en práctica a través de las obras los poderes del reino de los cielos (Mateo 9:18‑26; 14:13‑21).  Sin duda alguna que estas experiencias les enseñaron mucho ya que Jesús no sólo les habló del amor sino que amó (Mateo 12: 9-14); no sólo les explicó el significado del perdón sino que perdonó (Juan 8: 1-11)

Estas acciones algún día serían repetidas por sus discípulos.  En efecto, Cristo les prometió que ellos harían las mismas obras que hizo Jesús  y las superarían en intensidad (número y alcance).[3]   En ese sentido las obras de Jesús  no solo eran un respaldo de sus enseñanzas sino que también constituyeron el marco de referencia para el posterior desarrollo del ministerio apostólico (Hechos 2:1‑4, 41; 3:1‑9; 9:36‑43; 12:1‑11; etc.)

  • Sus actitudes.

Los discípulos fueron altamente impresionados con las actitudes que asumió Jesús  durante su ministerio.  De hecho, mucho de las doctrinas y acciones milagrosas de Jesús  no fueron comprendidas ni imitadas inmediatamente, sino en un tiempo posterior.  Sin embargo, las actitudes de Jesús causaron un efecto inmediato en la vida de los doce.

Los discípulos, en ocasiones, se interpusieron entre Jesús  y la gente necesitada, pero el maestro les demostró cuan importante eran estas personas para  él.  Tal es el caso de la mujer cananea y los niños que se intentaron acercar al maestro (cf. Mateo 15:23; 19:13).  En ambos relatos Jesús  aplica magistralmente el concepto de amor y ternura.

En otra ocasión, Jesús  aplicó el concepto de servicio al lavar los pies de los discípulos (cf. Juan 13:1‑20).  Tal lección fue muy dura para algunos de ellos (cf. v.8) pero también muy efectiva.

Podríamos pensar que la doctrina, obras y actitudes de Jesús fueron totalmente asimiladas por los discípulos, pero no fue así.  Ellos mostraron, como era natural, resistencia a la comprensión y aplicación de las verdades enseñadas por su maestro.  Había una constante lucha para comprender y vivir el reto que su maestro colocaba en cada enseñanza.  Esta lucha se evidenciaba en:

a‑ Dificultades para experimentar una fe genuina (Mateo 8:23‑27) [4]

b‑ Resistencia a un verdadero compromiso (Mateo 8:25‑26)

c‑ Ignorancia de la verdadera misión de Jesús  (Mateo 16:22).

d‑ Luchas internas por la prominencia en el grupo (Mateo 20:20‑28).

Lo anterior simplemente nos muestra que las enseñanzas de Jesús  fueron recibidas por hombres que experimentaron grandes conflictos al tratar de comprender y aplicar tales enseñanzas, pero el maestro fue paciente y constante en su empeño por enseñarles.  La verdad de Dios invita a los hombres a sustituir sus antiguas convicciones y actitudes por las del reino de los cielos, pero tal proceso es bastante costoso y como maestros necesitamos recordar que la paciencia es una virtud vital para llevar a los creyentes al profundo convencimiento de estas verdades.

Un cuadro que puede resumir lo anteriormente dicho sería el siguiente:

LOS DISCÍPULOS DE JESÚS APRENDIERON A TRAVÉS DE SU:

DOCTRINA

El discípulo de Jesús debe conocer las verdades fundamentales de la vida cristiana.

ACTITUDES

El discípulo de Jesús debe desarrollar un carácter cristiano auténtico tal y como Cristo lo hizo.

OBRAS

El discípulo de Jesús debe ministrar la vida de los demás poniendo en práctica las capacidades que Dios le ha dado.

PARA REFLEXIONAR

Nuestra tarea como docentes cristianos debe considerar seriamente estas necesidades de aquellos que están en el proceso discipular.  El discípulo de Jesús debe crecer en conocimiento, carácter y ministerio en forma armónica y constante.  ¿Cómo debemos ayudar a los creyentes a lograr estos tres objetivos que rigen la vida de un discípulo de Cristo?

Es necesario que ayudemos a los creyentes a desarrollar un conocimiento apropiado de las doctrinas esenciales de la fe cristiana.

¿Cómo podemos hacer eso? Animando a cada creyente a ser un estudioso diligente de la Escritura, de lo cual nosotros deberíamos ser ejemplos.

Algunos tal vez piensan que el estudio de la Biblia es un esfuerzo cognoscitivo poco provechoso y poco deseable.  Asocian esa experiencia a las traumáticas asignaciones escolares que no quisieran volver a vivir.  Pero lejos de eso, el estudio diligente y apropiado de la Biblia es una bendición y la mejor forma de conocer las verdades fundamentales de la fe cristiana.  Temas como la fe, la salvación, la gracia de Dios, el pecado y la vida eterna sólo puede ser estudiados en la Biblia.

Cristo se esforzó por enseñar aquello que era apropiado y suficiente para sus discípulos en aquel momento.  Pero uso al Espíritu Santo para revelar lo que faltaba, siempre con el enfoque que sus discípulos conocieran las verdades eternas del reino de los cielos.  Por lo tanto, no hay ninguna excusa que justifique la negligencia de algunos en no querer estudiar con ánimo y esfuerzo la Biblia, especialmente si es maestro.

Es necesario que ayudemos a los creyentes a desarrollar actitudes que reflejen el carácter de Cristo.

Las actitudes son los rasgos externos de nuestro carácter.  Cristo fue muy cuidadoso en exponer sus actitudes ante los discípulos a fin de que ellos imitaran su carácter (Mateo 11:29).  ¿Qué actitudes los creyentes están viendo y aprendiendo de mi?  Un maestro enseñaba a sus alumnos de 11 años en la Escuela Dominical y les decía: ¿Por qué creen que cuando la gente me ve pasar dice: ¡allí van un creyente!  Un niño que estaba sentado de último le dijo a su compañero al oído: Es porque no saben como es él;  ¡yo soy su vecino y no diría lo mismo!

Nuestras actitudes deben ser no sólo visibles ante nuestro alumnos sino aleccionadoras al punto que ellos aprendan a ser como Cristo por imitarnos a nosotros.  ¡Ese es el reto!

Es necesario que  ayudemos a los creyentes a desarrollar ministerios a través de los cuales sirvan a otros y ayuden al crecimiento del cuerpo de Cristo.

El conocimiento es una base pero no lo es todo.  La actitud es necesaria pero ella sólo adorna la vida.  Son las obras o acciones ministeriales las que finalmente ponen pie al conocimiento y manos a las actitudes.  Como maestros cristianos hacemos bien en considerar este equilibrado balance que mantenía Jesús entre  la enseñanza de contenidos doctrinales y los valores encarnados en su propia vida.  Un maestro no enseña sólo la Escritura también se esfuerza porque sus acciones y actitudes se correspondan con lo que la Biblia dice.  Esto fue lo que cuestionó Cristo de los Fariseos cuando dijo:  Así que, todo lo que os digan hacedlo y guardadlo; pero no hagáis según sus obras, porque ellos dicen y no hacen (Mateo 23: 3).


[1] En los evangelios el término doctrina (DIDAJEI) se refiere al conocimiento que es impartido (vea  Bauers, Ob. cit.,p.192).  En ese sentido es sinónimo de instrucción.

[2] Vea Tamez: 1978: 131

[3] La expresión mayores hará puede incluir la idea de que los discípulos superarían la cantidad de milagros que hizo Jesús  y abarcarían no sólo a los judíos (marco donde Cristo desarrolló su ministerio), sino también los gentiles.  La misma expresión implica cierta idea de algo sorprendente o fuera de lo común (vea  Bauer, Ob. cit.) que tal vez se refiere al hecho no revelado aun de que el evangelio alcanzaría a los gentiles también (cf. Hendriksen: 1981)

[4] Obsérvese que en el relato anterior de Mateo 8:5‑13 hay una significativa lección de fe (v.10).

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