Cultivar la formación para toda la vida

Una de las debilidades de algunos egresados de instituciones teológicas es vivir de “las glorias del pasado”. Pensar que como tienen un título académico que les acredita en algún nivel de estudios formales ya han acabado su formación, aun cuando ese título lleve ya más de 20 años de obtenido.

Cuando la educación teológica se mira desde esa perspectiva se evalúa más como producto que como proceso. Se enfatiza más el logro obtenido (titulo, grado académico) y no la importancia de avanzar continuamente en la formación personal. Debemos evaluar si acaso los que dirigimos procesos de formación teológica hemos tenido algo de responsabilidad en esa forma de ver la educación teológica, promoviendo más la meta que el camino.[1]

Es importante valorar la importancia que tiene el concepto de la formación continua para el desarrollo de la persona, como se muestra en un informe de la UNESCO:[2]

Si el conocimiento, las calificaciones y las capacidades de aprendizaje no se renuevan, la capacidad de los particulares, y por extensión de las comunidades o de las naciones, para adaptarse a un nuevo entorno se verá considerablemente reducida, cuando no completamente anulada. Se trata de una cuestión de supervivencia. En este sentido, la importancia del aprendizaje a todo lo largo de la vida activa, e incluso después, pasará a ocupar cada vez más un lugar prioritario en los planes de los particulares, de los países y de la comunidad internacional de maneras más concretas que en la actualidad.”

Es ya un hecho aceptado en casi todos los sistemas educativos del mundo el desarrollo de programas continuos, asociados especialmente al concepto de educación de adultos (López, 2009).  Y es que la educación ya no se entiende como un proceso finito y cerrado sino amplio y abierto, donde el educando se percibe más como un ser-en-relación que aprende continuamente a lo largo de toda la vida.

Por esa razón, es necesario que las instituciones de formación teológica aborden el asunto de la educación para toda la vida de manera creativa y urgente. Deben ser ofrecidos continuos programas de refrescamiento a egresados y a los líderes sin formación académica teológica para su superación ministerial. El titulo no debe ser la meta sino la excelencia en el desarrollo ministerial.

Deben explorarse acercamientos no-formales e informales a través de los cuales la educación teológica llegue a la mayoría de los líderes que lo necesitan sin sacrificar calidad ni pertinencia. Debe dedicarse cada vez un mayor porcentaje de tiempo, recursos, personal y esfuerzo para ofrecer este tipo de formación a la comunidad cristiana que está a nuestro alrededor.

Una de las conclusiones en el Manifiesto sobre la Renovación en la Educación Teológica Evangélica de la AETAL  señala:

Debemos aprender a combinar, de manera práctica, sistemas residenciales y por extensión, estilos formales e informales, utilizando también, por ejemplo, cursos breves, talleres, programas nocturnos, institutos de vacaciones, adiestramiento sobre la marcha, seminarios ambulantes, cursos de actualización, y programas de educación continúa. Sólo por medio de tal flexibilidad en nuestros programas se podrá comenzar a suplir la amplia gama de necesidades del liderazgo de la iglesia y cumplir con nuestro mandato en su sentido más amplio. Esto lo tenemos que lograr, mediante la gracia de Dios.”

 

Pueden citarse algunas ideas que institutos y seminarios bíblicos residenciales pueden poner en prácitca para iniciar este tipo de alcance:

  1. Lunes pastoral. Los pastores de la ciudad reciben todos los lunes en horarios de 6 a 9 pm cursos de formación teológica en varias áreas de su interés. Estos cursos no tienen pre requisitos académicos. El único requisito es que sea pastor de una iglesia local. Se puede ofrecer algún tipo de reconocimiento por acumulación de horas de estudio o de materias aprobadas.
  2. Mentoría Ministerial. Los profesores ofrecen apoyo y asesoría a egresados de la institución o líderes de la iglesia para el diseño y ejecución de proyectos ministeriales. Incluso se puede ofrecer créditos académicos por estos proyectos a nivel de diplomado. Hay instituciones incluso que reconocen la experiencia ministerial del liderazgo y establecen un sistema de equivalencias para dar créditos académicos por esta experiencia.
  3. Programas de lecturas dirigidas. La comunidad cristiana es animada a usar la biblioteca de la institución para realizar lecturas de libros específicos bajo la guía de estudiantes avanzados o profesores. Este tipo de programas se pueden también promocionar en las iglesias locales de la ciudad.
  4. Desarrollar proyectos de investigación en las iglesias de la comunidad.  El personal de la institución, alumnos avanzados, egresados y líderes de las iglesias  pueden hacer proyectos de investigación cualitativa y cuantitativa que promuevan ideas y estrategias para mejorar la calidad y salud de las iglesias de la ciudad.  Por ejemplos: “Hábitos devocionales de los creyentes en la ciudad de Maturín”, “Preferencia en el uso de traducciones de la Biblia”, “Impacto de la estructura celular en el desarrollo de las iglesias evangélicas de Valencia”, etc.
  5. Asesoría para el diseño curricular de la iglesia local.  La institución puede poner a la orden de las iglesias asesores que le ayuden a diseñar y ejecutar sus programas educativos en todos los niveles y modalidades posibles.

 


[1] Por ejemplo, fíjese en este tipo de promoción: ¡Gradúate ya de licenciado en Teología!, ¡Saca tu título de bachiller en Biblia!, ¡Dios te llama y el instituto te gradúa!

[2] La educación permanente en el siglo XXI: nuevas funciones para el personal de educación.  Informe para el debate de la reunión paritaria sobre la educación permanente.  Ginebra, 10 – 14 abril de 1998 Oficina Internacional del Trabajo

 

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